1era Tarea Editorial. Hacia una cultura de Paz

0

Hacía una Cultura de paz

“Creamos paz en la medida que somos capaces de cambiar los conflictos en cooperación, de forma positiva y creadora, reconociendo a los oponentes como personas y utilizando el método del diálogo”

Johan Galtung

Hoy en día, las sociedades modernas enfrentan dos grandes desafíos: la búsqueda y construcción de una cultura de paz basada en el fomento de la democracia, el desarrollo y los derechos humanos; y la proliferación de una cultura basada en la intolerancia, la competitividad, el individualismo  y el belicismo. (Izquierdo, 2007)

Desde la Declaración sobre una Cultura de Paz de 1999, México asumió el compromiso de integrar en sus tres órdenes de gobierno, acciones específicas para la construcción de la paz y la resolución pacífica de conflictos. Pero ¿qué debemos entender por una cultura de paz?.

La cultura de paz la define la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como un conjunto de valores, actitudes, tradiciones, comportamientos y estilos de vida basados en el respeto a la vida, el fin de la violencia, el compromiso con el arreglo pacífico de los conflictos, la protección del medio ambiente y el respeto y promoción de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales.

En la Declaración y Programa de Acción sobre una Cultura de Paz (ONU), se retoman algunas reflexiones de inicio, que dan muestra de los principales postulados contenidos en el paradigma de la cultura para la paz. Se declara que “puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”. Asimismo, se reconoce que la paz no sólo es la ausencia de conflictos, sino que también requiere un proceso positivo, dinámico y participativo en el que se promueva el diálogo y se solucionen los conflictos en un espíritu de entendimiento y cooperación mutuos; y finalmente, se expresa la preocupación de la comunidad internacional por la proliferación de las violencias y se reafirma el compromiso de eliminar todas las formas de discriminación e intolerancia.

Estos documentos incluyen una serie de objetivos, estrategias y agentes para la consolidación de los trabajos a favor de la paz, los cuales se resumen a continuación:

 

  1. Promover una cultura de paz por medio de la educación, mediante la revisión de los planes de estudio para que los niños, desde la primera infancia, reciban instrucción sobre valores, actitudes y comportamientos que les permitan resolver conflictos por medios pacíficos y en un espíritu de respeto por la dignidad humana.
  2. Promover el desarrollo económico y social sostenible para erradicar la pobreza y reducir las desigualdades sociales y económicas.
  3. Promover el respeto de todos los derechos humanos.
  4. Garantizar la igualdad entre mujeres y hombres en las decisiones económicas, políticas y sociales así como eliminar todas las formas de discriminación y de violencia contra la mujer.
  5. Promover la participación democrática para la consecución y el mantenimiento de la paz en todos los sectores de la sociedad, así como reforzar la lucha contra el terrorismo, el crimen organizado, la corrupción, el tráfico ilícito de drogas y el blanqueo de capitales.
  6. Promover la comprensión, la tolerancia y la solidaridad.
  7. Alentar la comunicación participativa y la libre circulación de información y conocimientos.
  8. Promover la paz y la seguridad humana.

En este contexto, la construcción de la paz resulta una tarea compleja que va más allá del combate al crimen organizado y al tráfico ilegal de drogas, pues no solo se trata de un tema de seguridad, sino de una compleja articulación social, política y económica que pueda generar las mejores condiciones para el desarrollo pleno de las personas y el libre ejercicio de los derechos humanos.  

La consolidación de una cultura de paz requiere de voluntad y liderazgo social; demanda el ejercicio responsable de la política y la participación de los diferentes actores comunitarios. Los especialistas coinciden en que, es por medio de la educación, que se puede alcanzar la construcción de un nuevo orden social basado en el respeto irrestricto a los derechos humanos y la resolución pacífica de conflictos.

 

Luego entonces, habría que profundizar en:

 

  • Educar para el conflicto. Aceptar  al conflicto como algo inherente a la condición humana y  como motor de  cambio y desarrollo.

 

  • Dirigir la acción educativa. Las investigaciones son contundentes al establecer que los principales generadores de violencia son los hombres, por lo que se deben explorar nuevos modelos de masculinidades que se basen en el desarrollo de vínculos emocionales más profundos, privilegien el dialogo, el respeto y la preocupación por los demás.

 

  • Desarrollar competencias para la resolución pacífica de conflictos. La violencia debe erradicarse como método para resolver conflictos. Para lograrlo, se debe promover permanentemente la educación emocional, la comunicación  asertiva y la formación con valores universales.

 

La construcción de una cultura de paz abona directamente al fortalecimiento de nuestra democracia. Si existen garantías para el acceso y libre ejercicio de los derechos humanos, se puede construir en el marco de la corresponsabilidad, una gran alianza social que trascienda todos los días en las decisiones de la vida pública del estado de Guanajuato.

 

Fuentes consultadas

 

– Organización de las Naciones Unidas; (1999). Declaración y Programa de Acción sobre una Cultura de Paz, 6 de octubre.

– Izquierdo Muciño, Martha Elba; (2007). Por una cultura de paz. Espiral, 157-175.

– Consejería de Educación Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias; (1998). Formación Básica de personas adultas. (Decreto 79/1998 BOC. no 72)

– Ceballos Rendón, Pedro; (2013). Educación para la paz y para la democracia. Ra Ximhai, Enero-Abril, 35-48.

 

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

*