11. 31-dic-18 4to. Trim 2018 PAZ, PARTICIPACION POLITICA Y DEMOCRACIA

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Introducción

Él es un hermano para mí y está en paz conmigo; y soy un hermano para él y estoy siempre en paz con él…El país de Egipto y el país de Hatti estarán para siempre en un estado de paz y de fraternidad, tal como estamos con nosotros mismos… La paz y la fraternidad no dejan lugar a cualquier enemistad.                                                         

Ramses ll

El párrafo anterior forma parte uno de los tratados de paz más antiguos del mundo, y el primero conocido entre dos estados independientes con igual poder, que puso fin a una guerra que duró más de 200 años entre los países de Egipto y Hatti por el control de las tierras que hoy conocemos como Siria. Fue firmado por el Faraón Ramsés II y el Emperador Hattusilis III hace más de tres mil años; y, además de suspender la guerra entre ambos, el tratado incluyó acuerdos para mantener una convencía pacífica duradera entre ambas naciones, establecer alianzas comerciales y facilitar asilo político.

El conflicto entre distintos grupos humanos parece ha estado presente desde el inicio de nuestra historia. Las luchas por el control de territorios ricos en recursos naturales, áreas estratégicas para garantizar la supervivencia y crecimiento de los grupos y de los medios de producción fueron elementos comunes en el desarrollo de los grupos humanos y las primeras civilizaciones.

Pero al igual que los conflictos y las guerras (o tal vez, como consecuencia de ellos), el establecimiento de acuerdos para garantizar la no agresión, el respeto mutuo y la convivencia pacífica entre grupos también ha sido un elemento constante en la historia de la humanidad. El poema de Gilgamesh, primer epopeya de la humanidad que data de hace más de 5 mil años, ya hacía referencia al deseo de que los hombres “conozcan la paz”.

La historia de los conflictos y la paz es vasta, y tras miles de años de movilidad humana entre ellos dos nos haría suponer que, como especie, seríamos expertos en la construcción y mantenimiento de la paz; sin embargo, nos seguimos enfrentando a constantes guerras y conflictos que ponen en riesgo las relaciones entre distintos grupos humanos y naciones.

La cantidad de países que recientemente se han visto afectados por conflictos violentos ha alcanzado el nivel más alto registrado en casi tres décadas. Los desplazamientos forzados han llegado a un nivel sin precedentes. En demasiados lugares, la cohesión de las sociedades y el bienestar de las personas corren peligro.

Nuestro país no es la excepción: el número de personas asesinadas y desaparecidas en la última década ha alcanzado los mayores índices en nuestra historia moderna. Además,  se calcula que más de 320 mil personas han sido desplazados forzosamente de sus lugares de origen debido a la violencia.

Los conflictos violentos no solamente representan un riesgo para las relaciones humanas y la vida, integridad y dignidad de las personas, sino que también ponen en grave riesgo las oportunidades de alcanzar el desarrollo de las sociedades. Por este motivo, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró, en la resolución 70/1 que establece la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que no puede haber desarrollo sostenible sin paz, ni paz sin desarrollo sostenible.

Tras más de 5 mil años, queda claro que la humanidad aún tiene muchas lecciones por aprender en relación a la creación de lazos pacíficos entre las personas; y por ello vale la pena seguirnos preguntando qué es la paz y qué elementos permiten la construcción de una paz duradera.

La paz: de la ausencia de guerra a algo más

Durante generaciones se entendió la paz como la mera ausencia de guerra. Sin embargo, hemos sido testigos de múltiples casos en los que, al interior de los países, y aún sin que hubiese guerras declaradas, no había paz. Casos como el de miles de niñas y niños centroamericanos que migran a México o a Estados Unidos en un intento de escapar de contextos de alta violencia y amenazas de muerte nos hacen ver que, aunque sus países no estén en guerra, la paz se ha visto debilitada por la violencia homicida, el tráfico de drogas y la falta de capacidad de los gobiernos para garantizar la seguridad de todas las personas.

Esta situación se ha repetido en distintos momentos y lugares del mundo, lo que ha llevado a replantear lo que entendemos por paz. En la Declaración de las Naciones Unidas sobre el Derecho a la Paz, se reconoce que la paz no solo es la ausencia de conflictos, sino que también requiere un proceso positivo, dinámico y participativo en que se promueva el diálogo y se solucionen los conflictos en un espíritu de entendimiento y cooperación mutuos, y se garantice el desarrollo socioeconómico.

La paz es un concepto mucho más amplio que engloba el derecho a ser educado en y para la paz; el derecho a la seguridad humana y a vivir en un entorno seguro y sano; el derecho al desarrollo y a un medio ambiente sostenible; el derecho a la desobediencia civil y a la objeción de conciencia frente a actividades que supongan amenazas contra la paz; el derecho a la resistencia contra la opresión de los regímenes que violan los derechos humanos; el derecho a exigir a todos los Estados un desarme general y completo; las libertades de pensamiento, opinión, expresión, conciencia y religión; el derecho al refugio; el derecho a emigrar y participar en los asuntos públicos del Estado en que se resida; y el derecho a la justicia, a la verdad y a la reparación efectiva que asiste a las víctimas de violaciones de los derechos humanos.

Consolidación y sostenimiento de la paz

El mismo año en el que se realizó la Declaración sobre el Derecho a la Paz, la Asamblea General y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas expresaron su compromiso con la consolidación y el sostenimiento de la paz a través de dos resoluciones. En ellas se reconoce que el sostenimiento de la paz debe entenderse, en sentido amplio, como un objetivo y un proceso para construir una visión común de una sociedad; asegurando que se tengan en cuenta las necesidades de todos los sectores de la población. 

Estas resoluciones reconocen la importancia de desplegar esfuerzos para sostener la paz, no solo tras el estallido de los conflictos, sino también desde mucho antes mediante la adopción de medidas para prevenir los conflictos y hacer frente a sus causas profundas. 

Esta visión del sostenimiento de la paz tiene profundas implicaciones estructurales, normativas, administrativas y presupuestarias y enfatiza que:

  • Al examinar las actividades de paz y seguridad, se debe hacer especial hincapié en la prevención de los conflictos; 

 

  • El sostenimiento de la paz requiere un enfoque plenamente integrado a nivel estratégico y de formulación de políticas, así como a nivel operacional; 

 

  • Evitar la caída o la recaída en el conflicto es considerablemente menos costoso, en términos humanos y financieros, que responder a situaciones de crisis; 

 

  • A la inversa, la actual falta de prioridad y recursos para los esfuerzos para el sostenimiento de la paz está condenando al mundo y sus pueblos a trágicos y violentos ciclos de recaída; 

 

  • Mientras que las actividades de fomento de la capacidad, construcción de un Estado, construcción institucional y desarrollo requieren considerables conocimientos técnicos especializados, en primer lugar debe entenderse que la consolidación de la paz es un proceso inherentemente político; 

 

  • El carácter multidimensional del sostenimiento de la paz es inevitable y plantea problemas importantes para alcanzar la coherencia; 

 

  • Los conflictos y la paz afectan a cada persona en una sociedad. Lograr la reconciliación y la paz sostenible requiere una participación amplia e inclusiva, de la que formen parte los interesados estatales y de la sociedad civil en todo el espectro, incluido el nivel comunitario; y

 

  • Para abordar las causas profundas de los conflictos se necesitan compromisos a largo plazo y el acceso también a largo plazo a recursos financieros ordinarios, previsibles y suficientes. 

 

La importancia de la participación en el sostenimiento de la paz

El enfoque de sostenimiento de la paz debe entenderse en sentido amplio como un objetivo y un proceso para construir una visión común de una sociedad, asegurando que se tengan en cuenta las necesidades de todos los sectores de la población.

La paz no puede imponerse desde fuera, sino que debe consolidarse verdadera y gradualmente mediante un proceso de compromiso de los interesados, tanto del sector público como del  privado, que son quienes están en mejores condiciones para comprender la dinámica local que condiciona el logro de los objetivos de consolidación de la paz. Además, las personas deben poder participar en el proceso de adopción de las decisiones que afectan a sus vidas.

En contraparte, no facilitar los procesos de participación política para crear visiones comunes de desarrollo y sociedad puede reavivar conflictos entre las distintas partes. Tal es el caso, por poner un ejemplo, de Sudán del Sur. En 2011, un referéndum dio lugar a la creación de Sudán del Sur como un país independiente, tras varias décadas de guerra civil . El acuerdo fue fuertemente promovido y celebrado por la comunidad internacional, con grandes expectativas sobre la construcción de un país con grandes reservas de petróleo, que pudiera ser viable, estable y próspero. Sin embargo, tan sólo dos años después de su creación, Sudán del Sur cayó nuevamente en conflicto y la sociedad se polarizó en torno a divisiones étnicas. La crisis se le atribuye a distintos factores, entre los que se destaca la falta de establecimiento de vínculos comunes entre las 64 etnias del país, una infraestructura pública subdesarrollada y la falta de liderazgos políticos fuertes e incluyentes que crearan agendas comunes de desarrollo.

Por el otro lado están los Acuerdos de Paz de Colombia, considerados como uno de los más incluyentes en la historia, en los que se hizo un importante esfuerzo por parte del gobierno, los  grupos armados (FARC-EP) y organismos de cooperación internacional, para garantizar la participación de grupos diversos en las mesas de negociación, asegurando la representatividad de todas las áreas del país y de todos los puntos de vista: víctimas, defensores de derechos, autoridades, personas viviendo en zonas de conflicto, personas desplazadas por el conflicto, mujeres rurales, colectivos LGBTTTI,, integrantes de las milicias, etc.

Garantizar la participación de las distintas voces y sectores involucrados es, sin lugar a dudas, una tarea compleja y que requiere de grandes esfuerzos, principalmente políticos, pero no por ello significa que sea imposible. Existen varias formas de garantizar la participación: mesas de negociación (en donde todos los sectores deben estar representados), mesas de trabajo y reflexión (para identificar las distintas perspectivas, testimonios, vivencias y propuestas), foros (para presentar y analizar problemáticas y propuestas de acuerdo), entrevistas, grupos de discusión, establecimiento de comisiones de la verdad y la justicia, etc.

Asimismo, es vital que la participación de los distintos sectores involucrados sea garantizada a lo largo de las diversas etapas de la construcción de acuerdos de paz o del sostenimiento de la paz: desde la elaboración de medidas preventivas y la identificación de riesgos y violaciones, hasta el diseño, aprobación, seguimiento y evaluación de los acuerdos de paz.

La paz debe surgir en el seno de la sociedad de manera orgánica, haciendo frente a las múltiples preocupaciones y aspiraciones de los distintos sectores y buscando un denominador común, a fin de que todos los sectores se sientan incluidos en las estrategias, políticas y mecanismos que ofrecen el camino a seguir. Facilitar la participación requiere que la libertad para expresar las propias opiniones, en privado y en público, debe estar garantizada.

Paz, democracia e instituciones sólidas

Diversos factores gubernamentales pueden desempeñar un papel importante en animar los conflictos presentes en las sociedades. La falta de un liderazgo y una gobernanza sólidos con demasiada frecuencia da lugar a instituciones frágiles, una gestión pública inepta y corrupción, que se agravan aún más por el silenciamiento del disenso político y de los medios de comunicación y la politización de los órganos de seguridad del Estado.

También en los sectores económico y ambiental se encuentran factores desencadenantes de la violencia. La falta de medios de vida y las privaciones socioeconómicas, en particular cuando van acompañadas de una sensación de marginación histórica, alimentan el descontento. Cuando se administran debidamente, los recursos naturales pueden ser una fuente de progreso, riqueza y estabilidad para una nación. Sin embargo, cuando se los administra indebidamente o se malversan, los efectos económicos, sociales y ambientales pueden ser muy adversos, y constituir una enorme pérdida para la consolidación de la paz y el desarrollo.

Así como la construcción y el sostenimiento de la paz requieren la participación de todos los sectores involucrados, también es importante que se fortalezcan los procesos democráticos de las sociedades, de tal manera que se garantice el respeto de los derechos humanos, se cuente con instituciones sólidas y confiables y se trabaje para garantizar un desarrollo equitativo y sostenible:

  • Respeto a los derechos humanos: el desarrollo pleno de una cultura de paz está integralmente vinculado al ejercicio del derecho a la libre determinación de todos los pueblos.

 

  • Instituciones sólidas y confiables: entre las primeras víctimas de los conflictos se encuentra la confianza en las instituciones que probablemente resulten esenciales para la recuperación a más largo plazo. Se debe dar prioridad a la búsqueda de formas de restablecer su credibilidad, por ejemplo, estableciendo reglamentaciones más eficientes y transparentes, y presupuestos gubernamentales integrales y realistas, así como facilitando servicios básicos a las familias y las comunidades de manera equitativa y sin necesidad de sobornos.

 

  • Garantizar el desarrollo equitativo y sostenible: la obtención de progresos en el ámbito del desarrollo es fundamental para prevenir el surgimiento y el resurgimiento de conflictos. Las investigaciones han demostrado de manera convincente que la incapacidad de lograr el desarrollo económico acarrea el riesgo de caer en el conflicto en primer lugar. El desarrollo económico puede ser una estrategia clave para las operaciones de mantenimiento de la paz. Superar los problemas sociales y económicos, ofrecer medios de vida a las poblaciones y sentar las bases para un crecimiento económico de base amplia e inclusivo son parte integrante la construcción de sociedades pacíficas.

Sin instituciones sólidas, una sociedad carece de los canales para gestionar pacíficamente las tensiones que surgen naturalmente y que pueden con facilidad volverse violentas, o causar una recaída en situaciones de violencia.

Paz, desarrollo y democracia forman un triángulo interactivo. Los tres se requieren mutuamente. Sin democracia no hay desarrollo duradero: las disparidades se hacen insostenibles y se desemboca en la imposición y el dominio.Por ello, es de gran importancia que se adopte un enfoque amplio para sostener la paz, en particular previniendo los conflictos y abordando sus causas profundas, a fin de fortalecer el estado de derecho y promover el crecimiento económico sostenido y sostenible, la erradicación de la pobreza, el desarrollo social y sostenible, la reconciliación nacional y la unidad, por medios como el diálogo inclusivo y la mediación, el acceso a la justicia y la justicia de transición, la rendición de cuentas, la buena gobernanza, la democracia, las instituciones que rindan cuentas, la igualdad de género y el respeto y la protección de los derechos humanos y las libertades fundamentales.

 

Conclusiones: Ruanda o del genocidio a la paz y el desarrollo

Como hemos visto, consolidar la paz es un proceso inherentemente político, encaminado a impedir el estallido, la intensificación, la recurrencia o la continuación de los conflictos, reconociendo también que la consolidación de la paz abarca una amplia gama de programas y mecanismos políticos, de desarrollo y de derechos humanos..

Asimismo, desarrollar una estrategia de construcción de paz de manera adecuada, incluyente, participativa y democrática puede servir no solamente para dar fin a conflictos de enormes dimensiones, sino que pueden coadyuvar a la sanación de heridas históricas y el fortalecimiento de la justicia social.

Tomemos, como ejemplo final, el caso de Ruanda, un país del centro de África que en 1994 vivió un genocidio que dejó, en tan solo unas semanas, un saldo de cerca de un millón de personas asesinadas y 200 mil mujeres violadas. Desde entonces, Ruanda ha estado enfrascada en un ambicioso proceso de justicia y reconciliación con el objetivo final de que todos los ruandeses vivan una vez más unidos y en paz, que ha involucrado procesos locales, nacionales e internacionales de justicia, así como programas para la unidad y la reconciliación.

A la par de las medidas de justicia y reconciliación, el gobierno de Ruanda ha implementado importantes políticas para reducir la pobreza y fortalecer el desarrollo económico, de tal manera que en los 15 años posteriores al genocidio, el porcentaje de personas viviendo en pobreza disminuyó de 78% a 45%, y el Producto Interno per cápita pasó de $228 dólares en 1995 a $718 en 2014.

Ruanda es un gran ejemplo de cómo la paz, el desarrollo y el respeto de los derechos humanos van de la mano, pero también de cómo el correcto abordaje de un conflicto representa una gran oportunidad de mejorar las condiciones de vida de las personas, particularmente de las poblaciones históricamente discriminadas.

En un estado como Guanajuato, bien valdría la pena que las estrategias que se desarrollen para poner un alto a la violencia, apunten a la construcción de procesos de paz que se sostengan en el futuro y que sirvan para mejorar la capacidad de las instituciones públicas, fortalecer los procesos democráticos, generar mayores y más incluyentes espacios de participación y, sobre todo, mejorar las condiciones de vida de los millones de guanajuatenses que, aún hoy, viven expuestos a la pobreza y al miedo cotidiano.

 

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