La percepción de la corrupción Un análisis para el fortalecimiento de la democracia

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La corrupción es un fenómeno universal que ha estado presente en todos los tiempos, culturas y sistemas políticos. No obtante, la Organización de las Naciones Unidas ha manifestado que recientemente su estudio ha adquirido especial relevancia por ser considerado uno de los principales problemas para el desarrollo de las naciones y un obstáculo muy importante para el alivio de la pobreza.

El tratamiento de la corrupción como problema social pone de relieve la necesidad de abordarlo desde un enfoque multidimensional que permita considerar los diversos factores presentes en su expresión dentro del ámbito de las relaciones sociales e institucionales.

Como primer acercamiento a la delimitación del fenómeno, atenderemos el origen y significado etimológico del vocablo corrupción. Al respecto, refiere Thompson, el origen de la palabra proviene del latín corrumpere y del francés antiguo, cuyo significado se relaciona al acto de romper juntos, descomponer, perturbar, alterar el estado original de una cosa. Además, desde su aparición en el siglo XlV, la palabra se había utilizado principalmente para indicar la desintegración, la descomposición o la circunstancia de que un objeto material o una sustancia se echara a perder, y fue hacia el siglo XV que la palabra adquirió el sentido con el que habitualmente la asociamos hoy en día: “la perversión o pérdida de integridad en el ejercicio de tareas públicas por soborno o favoritismo, especialmente en el caso de los funcionarios del Estado o de alguna otra institución pública”. Así lo reflejan los peritos en la materia como Stephen D. Morris quien define a la corrupción como “el uso ilegítimo del poder público para el beneficio privado”, o como “todo uso ilegal o no ético de la actividad gubernamental como consecuencia de consideraciones de beneficio personal o político”.

Ahora bien, desde una perspectiva aristotélica, refiere Estrada, la corrupción se interpreta como “dejar de ser lo que se es, o lo que es propio de su naturaleza”. Esta definición, contempla de cierta forma la esencia de los elementos presentes en las definiciones anteriores y nos permite abordar el concepto partiendo de una interpretación que puede aplicarse indistintamente a todas las cosas las cosas.

Hecha estas precisiones y retomando la multidimensionalidad del fenómeno, resaltaremos algunas características de las conceptos empleados por distintas disciplinas del conocimiento en el estudio de la corrupción. Desde un enfoque periodístico, la tarea se relaciona principalmente con la denuncia e investigación de figuras públicas y la exaltación del escándalo en aras de informar a la población o ejercer presión política; la ética por su parte, relaciona al fenómeno como una carencia de moral; el derecho, tipifica los comportamientos alusivos como delitos y conductas contrarias a la norma; la economía se focaliza en la obtención de ganancias en una estructura ajena al marco legal; la política atiende al ejercicio indebido del poder del representante popular en beneficio propio o contrario al interés común; y finalmente, la sociología establece su análisis a partir de las relaciones sociales o políticas y el aspecto de las costumbres, la moral y las virtudes que proyecta la sociedad en determinado periodo.

Partiendo de dichas peculiaridades, resulta necesario hacer una reflexión respecto a los conceptos clave que guían este análisis y que básicamente son dos: corrupción y percepción de corrupción. Por ésta última se entiende, de acuerdo a Del Castillo y Guerrero, como“la impresión que tiene un sujeto sobre la incidencia o gravedad de la corrupción en ciertas instituciones públicas”. En ese sentido, el proceso de construcción de la percepción parte de las experiencias, memoria y conocimientos previos que el individuo tenga del medio, relacionados por una parte con un conjunto de características personales como pudiera ser el nivel educativo y la edad y por otra, con un conjunto de valores y creencias tales como la ideología política, religiosidad y grado de confianza tanto en las personas como también, en las instituciones. Bajo esta tesitura y en vista de la complejidad del concepto, podríamos plantearnos que coexisten distintas formas de entender la corrupción y que según el proceso cognitivo que haya desarrollado el individuo y el contexto en el que se desenvuelva, podría concebirse el fenómeno de distinta manera. Por ejemplo, si una persona conoce o ha estado vinculada con situaciones relacionadas con corrupción, derivado del proceso cognitivo que ha desarrollado, su percepción de la corrupción será mayor que el de otra persona que no lo haya estado.

Si bien las percepciones no advierten los niveles reales de corrupción, si contribuyen significativamente al entendimiento de la dinámica en la que se desarrolla. Las percepciones se pueden definir como el resultado del impacto de distintas fuentes de información en la opinión pública sumado a un conjunto de valores y creencias personales, que posicionan al público respecto a un asunto, en este caso la corrupción. De ahí su incidencia en la manera de interactuar entre los individuos y de éstos con las instituciones públicas.

Estas consideraciones son importantes para comprender que el conjunto de ideas, valores y orientaciones del individuo, operan como fundamentos para la construcción e interpretación de la realidad a partir de las cuales se forman representaciones, relaciones de identidad o de diferencia entre los actores sociales que determinan las reacciones ante ciertos estímulos específicos como el caso del fenómeno de la corrupción.

Por tanto, es necesario abordar el problema a partir de estrategias que refuercen aquellos valores cívicos que promuevan la interiorización del interés general sobre el particular. Para los políticos y servidores públicos, es un llamado para adecuar las políticas públicas de combate a la corrupción considerando los múltiples factores presentes en su expresión y para la sociedad en general, una invitación para ser críticos tanto con sus gobernantes como con los demás individuos.

Fuentes consultadas

Del Castillo, Arturo y Manuel Alejandro Guerrero. 2003. Percepciones de la corrupción en la ciudad de México ¿predisposición al acto corrupto? México: CIDE .

Estrada, Germán. 2010. “Anatomía de la corrupción y función pública”. , ,Contraloría Municipal de León, Guanajuato, abril, México.

Matus Manzo, Pedro. 2007. “Corrupción y democracia. La cultura del servicio público en México: cultura política y valores de los servidores públicos en Instituciones federales. El caso de la Secretaría de la Función Pública”. Tesis de Maestría. Universidad Nacional Autónoma de México, México D.F.

Morris, Stephen D. 1991. Corruption & Politics in Contemporary Mexico. Tuscaloosa, London: The University of Alabama Press.

Naciones Unidas. 2004. “Convención de las Naciones Unidas contra la corrupción”.
Obtenido el 19 de junio de 2011 de
(http://www.unodc.org/documents/treaties/UNCAC/Publications/Convention/04 -56163_S.pdf)

Thompson, John. 2001. El escándalo político. Poder y visibilidad en la era de los medios de comunicación. España: Paidós.

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